WASHINGTON, Estados Unidos.- Los legisladores que tienen en sus manos el destino del presidente Donald Trump dejaron Washington por su receso de fin de año, sin un acuerdo sobre cómo manejarán el juicio político en el Senado que determinará en enero si el mandatario estadounidense debiera ser despojado del cargo.
Trump, de 73 años, está acusado de abusar de su poder al presionar a Ucrania para que investigara a su posible rival, Joe Biden y para que estudiara una teoría, ya desacreditada, de que los demócratas conspiraron con Ucrania para inmiscuirse en las elecciones de 2016.
Esta semana, recibió críticas de donde menos lo esperaba, su base evangélica. La revista “Christianity Today”, la principal publicación de este credo en el país, abogó para que el mandatario sea sometido a un proceso de destitución.
El editor jefe de la revista, Mark Galli, desaprobó en una entrevista la actitud de Trump y afirmó que el jefe de Estado mostró hacia Ucrania “un comportamiento moral vergonzoso”.
Galli es autor del editorial de la revista que se publicó el jueves, titulado “Trump debería ser expulsado del cargo”, que causó el enfado del mandatario.
El texto recuerda que “el presidente intentó usar su poder político para coaccionar a un líder extranjero para acosar y desacreditar a uno de los oponentes políticos del presidente. No es solo una violación de la Constitución; es más importante, es profundamente inmoral”.
El artículo de “Christianity Today” ahonda en la idea de la “inmoralidad” de Trump, quien, subrayó, reconoció “acciones inmorales en los negocios y relaciones con las mujeres, de las que está orgulloso”. “Su canal Twitter, con su cadena habitual de descripciones erróneas, mentiras y difamaciones, es un claro ejemplo de un ser humano que está perdido moralmente y confuso”, agregó el texto.
En respuesta, Trump utilizó su cuenta en esa red social para arremeter contra “Christianity Today”, a la que calificó de “revista de izquierda radical”.
Los cristianos evangélicos blancos son uno de los bloques de votantes más fieles a Trump, aunque el apoyo a su figura descolocó a muchos durante la campaña en 2016, cuando esta comunidad conservadora respaldó a un candidato dos veces divorciado, protagonista de escándalos de adulterio y que hace poco defendía el derecho al aborto.
Ese logro se debió, en parte, a la elección como vicepresidente de Mike Pence, un “católico evangélico renacido” que impregnó la Casa Blanca de un profundo conservadurismo social; así como de otro influyente evangelista, Mike Pompeo, como secretario de Estado. (Télam)